Este libro aborda la línea de pensamiento que ha sido hegemónica en nuestra historia, esa España eterna que se ha opuesto permanentemente a la modernización de nuestro país. La España integrista y reaccionaria está encarnada en lo que he denominado La política de la nostalgia, una política que continuamente fija la vista atrás para dar soluciones a los problemas actuales. Nostalgia como esa tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida, esos momentos del pasado considerados felices y permanentemente añorados, deseando la vuelta a esos tiempos anhelados. Políticas que siempre son contrarias al cambio y a la modernidad.
Todavía hoy pueden encontrarse muchos de sus elementos incorporados al ideario político español, lo que pone de manifiesto la debilidad endémica del conservadurismo español y su incapacidad para tener un planteamiento netamente democrático y alejado del catolicismo exacerbado y ultramontano convirtiéndose en un problema político. La historia, como decía Toynbee, siempre está en movimiento, la añoranza por lo perdido es el freno para el futuro de nuestro país.
Hoy, han transcurrido ochenta años del final de la II Guerra Mundial, en la que se luchó para defender la libertad y dignidad de las personas frente a los nacionalismos extremos, fascismo y nazismo. En la actualidad la emergencia de los llamados postfascismos, discursos xenófobos y racistas, están en todos los países de la Unión Europea; en España han sido un fenómeno tardío, pero que atenta contra la convivencia y los derechos fundamentales con un discurso tóxico, pleno de odio y que no ofrece alternativas, salvo la destrucción del Estado de derecho. De ahí la necesidad de defender esa tradición plural, base de la España contemporánea, como espacio de convivencia y debate que hay que ejercer permanentemente en tolerancia y respeto.
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